Voluntario Paco Pérez

El año 2020 nos ha enseñado lo frágiles que somos las personas y la sociedad ante cualquier acontecimiento imprevisto de dimensión mundial y concretamente por los importantes daños sanitarios y económicos que nos ha producido la pandemia generada por el COVID 19.

Como voluntario participante en el Consejo Asesor de la Cocina Económica Nuestra Señora del Rosario, popularmente conocido por el Comedor Social de Triana, he tenido la oportunidad de vivir el incremento tan notable de usuarios de este Comedor producido desde el confinamiento padecido durante el segundo trimestre del año. Un Comedor que, desde su creación en 1904, no ha dejado de atender a todas las personas que han llamado a sus puertas solicitando ayuda básica para subsistir.

Este incremento de personas empobrecidas por los efectos económicos derivados de la pandemia y del consecuente estado de alarma, que ha contraído de manera radical y progresiva la actividad productiva con el cierre temporal de empresas, con sus consecuentes Expedientes de Regulación de Empleo, en su doble vertiente de ERTES y ERES, que han incrementado los índices de desempleo que, en nuestro País permanecían elevados desde la crisis financiera de 2008, y la contracción del PIB.

Unas colas ante los Comedores Sociales y Entidades Benéficas, que se han venido en llamar "Las colas del hambre".

Junto a esta situación hay que reconocer también la importante respuesta solidaria de la sociedad, que no ha tardado en responder a la llamada en petición de ayuda que desde El Comedor divulgamos en los medios de comunicación de ámbito local, provincial y regional.

Pero la pandemia sigue ahí y la recuperación económica se dilata en el tiempo, por lo que las entidades sociales debemos estar en permanente vigilia en la obtención de los recursos necesarios para seguir atendiendo a tantas personas empobrecidas y marginadas.

Francisco Pérez Rodríguez.

 

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